domingo, 30 de diciembre de 2007

Requiem por un Año

Me siento esta madrugada de 30 de diciembre a decir algo que probablemente no llegará a quienes tiene que llegar. Probablemente no llegará a nadie... Pero ante nadie, ante mí misma, vengo a defender de las críticas a un año tan polémico como el que nos deja. De las críticas ajenas, y del rencor que temo algún día guardarle.

Es cierto, este año no empezó, ni se desarrolló, ni terminó como lo imaginé. Como lo planeé, como estaba segura de que sería. Pero comienzo por decir que este año me enseñó, entre muchas cosas, a no ser tan ingenua como para estar segura de que algo será como lo planeaste.

Miro 365 días hacia atrás y veo con sorpresa que es otra esa niña que mira los fuegos artificiales con angustia, con ansiedad... como si anticipara que algo se acercaba con la intención de reventar su burbuja. De sacarla de su soberbia, de su estupidez al pensar que poco le quedaba en la vida por aprender.

"La letra con sangre entra"... Nunca estuve muy de acuerdo. Aún no quiero estarlo, quiero pensar que algún día podré aprender de la vida y madurar sin que esto sea producto del dolor... Pero este año no fué el caso.

Y duele caerse... Y cuesta reconocer que te tropezaste. Pero creo que lo más difícil es tragar saliva, mirar adelante y ponerse de pie. Requiere de fuerza, requiere amor propio. Admiro a quienes consiguen encontrar dentro de sí el impulso para seguir adelante, para aceptar las crisis, para reinventarse, en fin... creo que mi punto es que si un año saca todo esto en tí no puede ser tan malo después de todo. No puede ser tan malo si logró que despertaras un día con una visión más sana de la vida. No puede ser para nada malo si, después de todo, puedes decir con orgullo que seguiste caminando, que eres más fuerte de lo que creías, y, si entendiste que probablemente te seguirás cayendo y seguirás sufriendo, pero vivirás para aprender y contarlo con una sonrisa, entonces puedes decir, como yo, que eres un agradecido de lo bueno y lo malo que la vida puede entregarte.

Salud!
Y que tengas un 2008...
Como lo necesites :)

domingo, 18 de noviembre de 2007

Re-vivo

Retornando a estos lugares
reviviendo estos momentos
pareciera que este mismo rayo de sol
me acarició en aquellos días.

Sentándome en el mismo árbol
brotan en mí las palabras
que, queriendo ser retrato,
se tornan en melancolía.

Curioso, el paso del tiempo
que quiso ser inexorable
y en este preciso lugar yo
lo declaro inexistente.

Porque aquí, entonces y ahora,
soy quien fuí, congelada y escondida
para que en este lugar
me vinieran a encontrar.



sábado, 17 de noviembre de 2007

de pronto... Una Melodía.

Por mi ventana suelen pasar
partículas propias de una ciudad desteñida.

Una bocina, una brisa discreta que huele a cansancio,

el reclamo del tráfico y el de la vecina.

Una aspiradora, el almuerzo casi listo

y de pronto, una melodía.


Mi ventana me avisa que algo extraño se cuela.

Y
dejo de ser rutina, convirtiendome en oído.

¿Quién eres, Piano?

No eres el vecino molesto

ni
el de hábitos desagradables.
¿Cómo ser tan ajeno

si te cuelas así en mi corazón?


Una tecla seguida de otra

van pintando la ciudad de melancolía.

Ya no somos desteñidos ni cansados

gracias a tu piano, inspirados.

Nos has tomado, por sorpresa,

y nos llevas, sin permiso,

de nuestra vida gris a un rinconcito humano.
No volveremos a extrañar el silencio
mientras la armonía venga de tus manos.


Una melodía conocida...
es como si me conocieras a mí también.
Es como si tocaras para cada uno

de los que en apariencia no te escuchamos.

De los que piden que te calles,

temerosos de verse, y encontrarse

vulnerables ante tu regalo.

No escuches a nadie.

Eres tú, Piano, quien está para ser oído.
No nos dejes de envolver
en la colorida dulzura de tu sonido.

sábado, 27 de octubre de 2007

Mi rebelión



Mi rebelión
es la que me demuestra
lo poco rebelde que soy.

Podría tomar
el estandarte de la espontaneidad

podría correr
en dirección a mi libertad
podría jurar
lealtad y obediencia a mi corazón
pero mi rebelión

(más que un escape,
más que un cambio)
es un escondite.
Es un calmante para mi alma agobiada

de tanta rutina,

y tan poco vivir.


Y mi alma,

atontada de tan poco mundo,
se contenta
con que deje de leer

y me ponga a escribir.
La pobrecita se regocija!
ante el sencillo roce
entre grafito y papel.

Mi pobre alma llega a creer

que de su magnífica rebelión
florecen palabras

tan armónicas como el amor.

Yo, entre un poco de risa

y mucha resignación
le sigo el juego por un segundo.
Le cuento un cuento...
rebelde
y mientras se adormece, despierto

suspiro
, bienvenida de vuelta

a mi mundana realidad.